Bajo la lupa: otra derrota, ahora frente a GELP

Joaquín García

El equipo de Quiñones sigue sin encontrar el rumbo. El Dr. Joaquín García nos trae el análisis del último partido de local.

Boca volvió a dejar una actuación difícil de sostener desde el juego. El 1-0 ante Gimnasia no se explica únicamente por el gol recibido a los 42 minutos del segundo tiempo, sino por una producción que volvió a quedar corta: poca profundidad, escasa conexión entre líneas, problemas para progresar con pelota y demasiados tramos en los que el equipo no encontró una respuesta colectiva. No fue superado de manera abrumadora, pero tampoco logró imponer condiciones ni construir un partido propio.

El golpe llegó sobre el final, cuando el partido parecía encaminarse hacia el empate. Stábile tiró el centro para Esquivel, que apareció en el área y marcó el 1-0. Gimnasia fue práctico, ordenado y efectivo: no necesitó dominar durante todo el encuentro para encontrar el momento justo. Boca, en cambio, volvió a quedar atrapado en sus propias dudas y terminó pagando caro un desarrollo en el que nunca logró sentirse realmente cómodo.

El equipo tuvo un arranque con intención, pero sin desarrollo. Intentó posicionarse en campo rival, presionar más arriba y atacar con mayor decisión, aunque esa postura nunca terminó de transformarse en dominio real. La circulación fue mayormente lateral, con poca verticalidad y sin demasiadas jugadas que rompieran líneas. A Boca le faltó continuidad, lectura y precisión para sostener lo que insinuaba. Gimnasia, sin necesitar demasiado, encontró espacios, jugó con orden y empezó a sentirse cómodo ante un equipo que volvía a quedar largo, partido y con dificultades para juntar pases.

La desconexión volvió a ser uno de los puntos más marcados. Kishi, errática en varias decisiones, apareció muchas veces retrasada y lejos del área. Sanabria quedó aislada y nunca logró encontrar la forma de asociarse, ni con Kishi ni con sus compañeras del mediocampo. Tampoco pudo conectarse con las subidas de Cruz, que ofrecía salida y proyección por su sector, pero pocas veces encontró continuidad en la jugada. Boca llegaba poco y, cuando lo hacía, no tenía sociedades ni compañía suficiente para transformar esas aproximaciones en peligro real.

Los primeros cambios fueron una señal de ese desconcierto, pero tampoco modificaron el fondo del problema. El equipo siguió incómodo, con mucha fricción, poca elaboración y casi nada de profundidad. No encontró sociedades, no corrigió los relevos y tampoco logró ordenar los movimientos para que sus futbolistas recibieran en mejores condiciones. No era solo una cuestión de nombres: era una cuestión de funcionamiento. Las piezas se movían, pero el equipo seguía sin respuestas.

El ingreso de Troncoso le dio a Boca lo más parecido a una respuesta ofensiva. Fue quien generó las mejores jugadas en ataque, con desborde, decisión y una intención más directa por afuera. También fue la que mejor pudo asociarse con Kishi, acercándole opciones más claras y dándole algo de sentido a ataques que hasta ese momento habían sido demasiado aislados. Su entrada, además, dejó una lectura evidente: debió llegar antes. Con poco más de diez minutos en cancha, hizo demasiado para el poco tiempo que tuvo y marcó un camino que Boca no había encontrado. No alcanzó para cambiar el partido, pero sí para mostrar que el equipo necesitaba antes una futbolista de esas características.

Dentro de ese contexto también vuelven a pesar las ausencias de Andrea Ojeda y Agustina Arias. No porque sean soluciones automáticas, sino porque el partido pidió justamente características que Boca no tuvo: lectura para asociarse, pausa, criterio para conectar líneas y capacidad para no depender tanto de la pelota dividida o del esfuerzo individual. En un equipo al que le costó generar juego y sostener ataques, esas decisiones vuelven a quedar expuestas, más todavía después de los buenos indicios que ambas habían dejado en presentaciones anteriores.

También hay una responsabilidad que apunta hacia la conducción. Este presente no nace en este partido ni en este torneo: Boca lleva tiempo sin una idea reconocible, sin respuestas claras desde el banco y sin un funcionamiento que potencie a sus futbolistas. Florencia Quiñones no logró encontrarle la vuelta al equipo y sostiene decisiones que abren interrogantes, como dejar jugadoras de peso afuera de las convocatorias y no utilizar la jerarquía que el plantel sí tiene. Las futbolistas de experiencia están, pero muchas veces quedan relegadas sin que haya una explicación clara. A eso se suma una política de incorporaciones discutible, con jugadoras que todavía deben demostrar si están a la altura de la exigencia del club y una apuesta fuerte por futbolistas Sub-20 que, como es lógico, necesitan tiempo y contexto para adaptarse a Boca. El punto no es cuestionar a las jugadoras recién llegadas, sino la decisión de cargarles responsabilidades en un equipo que sí tiene nombres de recorrido, pero que la conducción elige no utilizar.

Ante Gimnasia, los errores volvieron a quedar expuestos. Quiñones como Directora Técnica, necesita admitir y corregir los errores a tiempo. Por eso la derrota no puede leerse como una jugada aislada ni como un accidente sobre el final. El gol de Esquivel definió el resultado, pero el partido ya venía mostrando señales preocupantes. Boca jugó poco, atacó mal, casi nunca impuso una idea y volvió a depender de respuestas individuales dentro de un funcionamiento colectivo que sigue sin aparecer.

Foto que ilustra la nota: prensa oficial de Boca Juniors

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