Florencia Quiñones tiene más de 30 jugadoras a disposición. No sabemos con certeza qué equipo saldrá a la cancha en la primera fecha, pero nos pusimos a jugar con el que sería nuestro once ideal.
Este es el once que elegimos para este semestre. La propuesta se apoya en tres puntos clave —salida con calma, corazón el medio y definición con oficio— y en la convicción de que la experiencia debe mandar para que el equipo esté bien parado.
Laurina Oliveros encarna la tranquilidad desde el fondo: además de atajar, ordena el bloque y baja el ritmo cuando hace falta. En las bandas, Julieta Cruz y Luzmila Ramírez le dan al equipo alternativas claras por fuera: Cruz suma apoyos precisos al perfil derecho, siendo la experiencia que se necesita en ese sector, y Luzmila, por lo visto en Banfield y en la selección Sub-20, convierte la banda en un recurso efectivo para centros con destino y juego directo al área. En el centro de la defensa la mezcla es pragmática: Belén Pokoracky lee la situación y ordena, y Camila Baccaro aporta seguridad y determinación a la defensa.
La mitad de la cancha pide mentalidad fría y llegada. Lola Ruffini baja a recibir, mira y elige; su función es habilitar la jugada con criterio, no mantenerse estática. Bianca Recanati aporta sorpresa con llegadas y remates con destino; y Ana Ramírez aporta el timing justo para aparecer cerca del área cuando la jugada lo pide, así los centros y las combinaciones tienen seguimiento y no quedan en intentos sueltos.
En ataque, la receta es directa: amplitud, diagonales y una referencia que define con oficio. La sociedad que mejor respondió fue la de Carolina Troncoso, Andrea Ojeda y Kishi Núñez. Troncoso llevó centros con destino y goles que valieron puntos; Kishi rompió con sus diagonales y movilidad; y Ojeda resolvió con oficio dentro del área. Fue sincronía, timing y definición: la combinación que generó las chances más claras y limpias.
Más allá del dibujo táctico, hay una regla que debe imperar: la experiencia. En Boca no es un relato, es lo que frena la impetuosidad, administra los tiempos y permite que el equipo juegue más ordenado en los tramos calientes. Cuando la experiencia domina, el equipo se planta mejor y la lectura colectiva mejora. A la vez, el club deberá ir incorporando de a poco a las jugadoras más jóvenes: es un proceso que demandará tiempo de adaptación y tolerancia, y por eso la integración debe hacerse paso a paso manteniendo siempre un bloque donde la experiencia siga presente.
En síntesis: este XI es la lectura de lo que creemos que necesita el equipo ahora: salida con criterio, bisagra que selecciona, llegadas con intención y una delantera que resuelve. Si las piezas se mueven en la misma sintonía, lo que aparece en la cancha son oportunidades de calidad y resultados concretos.
Te proponemos sumarte a este juego. ¿Cuál sería tu once?


