La futbolista oficializó en redes sociales su salida del club, aún le quedaba un año de contrato, tal como ocurrió con Eliana Stabile.
Lorena Benítez cerró su etapa en Boca Juniors con un mensaje sencillo y profundamente sentido. “Me voy agradecida. Por los años, las oportunidades, las personas y todo lo vivido dentro del club. Cada paso acá fue crecimiento y aprendizaje. Gracias a todos los que fueron parte y acompañaron”, escribió en sus redes sociales, confirmando un final de ciclo que se sintió más emocional que formal.
Su salida no fue una noticia más. Para Boca, para el fútbol femenino argentino y para quienes seguimos de cerca su recorrido, la despedida de Lolo significó el cierre de una era. No solo se va una mediocampista de jerarquía: se va una futbolista que moldeó el carácter del equipo, que sostuvo al plantel en momentos clave y que dejó una marca que trasciende estadísticas.
Años de identidad, títulos y pertenencia
Benítez llegó al club en 2016 y desde entonces se convirtió en una pieza irremplazable. Fue parte del histórico título de 2020, el primero de la era profesional, y de cada conquista que consolidó a Boca como el equipo dominante del país. Su juego combinó inteligencia, despliegue y una capacidad única para ordenar al equipo desde el mediocampo.
Pero su legado no se explica solo en la cancha. Lolo fue voz, fue presencia, fue ejemplo. Acompañó procesos, sostuvo compañeras, defendió causas y representó al club con una mezcla de humildad y carácter que la volvió una de las más queridas por el plantel y por la gente.
Un adiós que coincidió con un momento de quiebre
Su salida de Boca se dio en paralelo a su renuncia a la Selección Argentina, donde denunció públicamente la falta de condiciones básicas para entrenar y competir. Ese gesto, valiente y frontal, reforzó su imagen de líder: alguien que no solo juega, sino que también se planta cuando siente que algo no está bien.
El impacto fue inmediato. Su decisión, acompañada por Julieta Cruz y Laurina Oliveros, abrió un debate nacional sobre el trato a las futbolistas y expuso una realidad que muchas veces queda silenciada.
Un cierre que no borra nada: deja huella
La despedida de Lorena Benítez no tuvo actos ni discursos oficiales, pero sí dejó una sensación compartida: se va una futbolista que marcó una época. Su mensaje fue corto, pero su historia en Boca es larga, profunda y llena de momentos que quedarán en la memoria del club.
Lolo se va agradecida. Y Boca —sus compañeras, su gente, quienes seguimos cada paso del femenino— también queda agradecida por todo lo que dio.
Foto que ilustra la nota: Gardo Licht


