La Selección Argentina tendrá triple fecha por la Liga de Naciones Femenina. Entre las convocadas, solo figura Kishi Nuñez como futbolista de Boca.
Durante muchos años, Boca fue una referencia inevitable cuando se hablaba de la Selección Argentina. No solo por la cantidad de futbolistas convocadas, sino porque el club solía aportar jugadoras de peso, jerarquía, presente y experiencia. Por eso, mirar la actualidad y ver que hoy apenas tiene una sola convocada a la Mayor no debería pasar inadvertido. No es un dato menor. Es una señal.
La única citada en esta lista es Kishi Núñez, una futbolista de enorme talento y gran presente, que sigue siendo una de las apariciones más valiosas del fútbol argentino. Su convocatoria es lógica. Lo que deja de ser lógico es que una institución como Boca, por historia, plantel y obligación competitiva, tenga una representación tan reducida en la Selección Mayor.
Esa lectura se profundiza cuando se observan otros casos. Priscila Siben, por su actualidad, volvió a entrar en la consideración de Germán Portanova. Y ese punto no es menor. No se trata de una futbolista que apareció recién después de su salida: siendo jugadora del club ya estaba en el radar de la Selección. Boca tenía dentro de su estructura a una arquera con presente y proyección, y aun así no hizo lo necesario para retenerla.
En esa misma línea aparecen también los casos de Eliana Stábile y Carolina Troncoso. Ambas son futbolistas de jerarquía, experiencia y recorrido. Sin embargo, sus presentes marcan una diferencia que también dice mucho. Stábile hoy continúa en la órbita de la Selección desde Gimnasia, mientras que Troncoso, todavía en el club, no entró en esta convocatoria.
Más allá de esas diferencias, hay un punto en común: Boca fue debilitando su presencia en la Selección también a partir del lugar que les dio —o dejó de darles— a jugadoras con trayectoria y capacidad para sostener ese vínculo. Ahí es donde el foco inevitablemente se desplaza hacia la conducción. Porque una lista no depende del Xeneize, pero sí refleja bastante sobre el presente que el propio club construye. Tener una sola convocada puede explicarse en parte por rendimientos individuales, claro, aunque también está atravesado por decisiones técnicas que condicionan minutos, continuidad y protagonismo.
El caso de Troncoso entra de lleno en esa discusión. Su falta de minutos no responde a una cuestión física, sino a lo que parecería ser una decisión de Florencia Quiñones. Y en un contexto en el que la competencia por un lugar en la Selección también se sostiene desde la regularidad, relegar a una futbolista de esas características no es un detalle menor. Mucho más cuando el equipo necesita desequilibrio, cambio de ritmo y variantes de calidad en ataque. Si no juega, tampoco puede sostenerse en esa vidriera.
Con Stábile, en cambio, la señal fue distinta, pero igual de fuerte. Boca dejó ir a una jugadora con nombre, experiencia y nivel de Selección, y hoy esa misma futbolista mantiene su vigencia desde otro club. La pregunta, entonces, surge sola: si el problema no era su capacidad para competir en ese nivel, la explicación hay que buscarla en cómo Boca gestionó su lugar dentro del proyecto.
En medio de ese panorama, la presencia de Kishi Núñez sostiene algo del vínculo entre Boca y la Selección, pero también deja en evidencia otra cuestión. Más de una vez da la sensación de que rinde mejor con la camiseta argentina que con la azul y oro. Y eso también debería abrir interrogantes. No sobre su talento, que está fuera de discusión, sino sobre el contexto que Boca le ofrece para potenciarlo. Cuando una de tus futbolistas más valiosas se muestra más suelta y determinante fuera del club que dentro de él, el problema excede lo individual.
Por eso, el dilema no es que Kishi esté. El dilema es que esté sola. Y para un club que supo marcar presencia constante en estas listas, esa soledad también refleja una pérdida de peso futbolístico.
Boca no debería naturalizarlo. No por prestigio, sino por exigencia. Cuando un club grande empieza a tener menos lugar en la Selección, no solo pierde representación: también pierde parte de la jerarquía que antes lo distinguía. Y hoy, entre jugadoras que se fueron, futbolistas relegadas y decisiones técnicas difíciles de entender, esa señal empieza a ser demasiado clara como para mirar hacia otro lado.
Foto que ilustra la nota: prensa AFA


