San Lorenzo y Boca no solo debutaron en el torneo sino que marcaron el inicio de una nueva liga de la AFA en el fútbol femenino. No se sacaron ventajas. Aquí, te compartimos el análisis del encuentro.
El empate 1–1 ante San Lorenzo dejó más certezas sobre las debilidades que sobre las virtudes. Hubo intensidad en algunos pasajes, presión alta y buenas intenciones ofensivas, pero todo se diluyó por la falta de continuidad. San Lorenzo no sometió a Boca durante todo el encuentro, pero sí supo cuándo golpear y aprovechar los momentos de desorden.
En los primeros minutos, las Gladiadoras mostraron agresividad para presionar en tres cuartos y recuperar cerca del área rival. De esa idea nació el gol a los 36 minutos del primer tiempo: Pereyra intentó salir jugando desde el fondo ante la presión de Kishi Núñez, y la delantera no dudó en capitalizar el error. Fue una jugada que reflejó una de las pocas virtudes claras del equipo: cuando Boca presiona alto puede generar daño.
Sin embargo, esa intensidad inicial se fue diluyendo con el correr de los minutos. La presión perdió fuerza, sobre todo a partir del ingreso de Lonigro, que obligó a Kishi a correrse hacia la banda y a perder peso como referencia central. Desde ese momento Boca dejó de incomodar con la misma eficacia la salida rival. Quizá la alternativa más lógica hubiera sido apostar por Carolina Troncoso, capaz de aportar velocidad por afuera, lectura de los espacios y la pausa necesaria cuando el partido lo requiere.
El mediocampo volvió a ser uno de los sectores más comprometidos. Ramírez mostró intención y empuje, pero muchas veces terminó recurriendo al juego individual ante la falta de sociedades. Tesio tuvo un buen arranque, aunque con el paso de los minutos se fue apagando; quizá su ingreso habría sido más útil más adelante, dejando desde el inicio a Ruffini en ese sector. Sasaki, por su parte, evidenció la falta de ritmo.
Las dificultades en esa zona impactaron directamente en la fase defensiva. Boca nunca ganó las segundas jugadas y eso obligó muchas veces a la defensa a resolver en condiciones incómodas. La falta de respaldo del mediocampo dejó al equipo partido, con delanteras presionando pero sin el acompañamiento necesario para sostener esa agresividad.
Ante la falta de conexiones en el juego, Boca recurrió con frecuencia al pelotazo largo buscando a las delanteras. Es un recurso útil en determinados momentos, pero cuando se convierte en la salida habitual termina limitando la construcción y facilitando los ajustes del rival.
También quedó la sensación de que algunas decisiones pudieron haberse tomado antes. El cambio de Lola Ruffini por Sasaki era una variante que podía haberse dado desde el inicio, considerando que la nipona llegó a este encuentro sin minutos en toda la pretemporada. En la misma línea, la sustitución de Guerra por Julieta Cruz deja otra lectura: el mercado de pases de Boca parece haber apostado más por la juventud que por resolver puestos donde el equipo necesitaba experiencia.
Fue un empate, pero deja muchas incertidumbres. Boca apenas ganó uno de los últimos siete partidos. Con el clásico ante Racing en la próxima fecha y la obligación de pelear el campeonato, el equipo necesita corregir rápido. Sin esos ajustes, los partidos seguirán mostrando el mismo problema: intensidad y esfuerzo sin la estructura necesaria para convertirlos en resultados.
Foto que ilustra la nota: prensa oficial de Boca Juniors

