Las Gladiadoras cayeron por 3 a 1 ante Racing en Boca predio por la fecha 4. Aquí, un análisis del partido y de lo que deja el torneo de verano.
En Boca Predio, las Gladiadoras cayeron 1–3 ante Racing Club en un partido que dejó más que un resultado: expuso que la falta de respuestas tácticas desde el banco persiste. Racing gestionó los tiempos con bloque compacto y fue letal en balón parado; Boca nunca pudo hacer pie. Se trata además de la tercera derrota consecutiva ante Racing, un dato que deja de ser anecdótico y obliga a correcciones urgentes en la planificación.
En Ezeiza se vio con nitidez la diferencia entre un plan y una intención. El visitante llegó con un esquema claro: líneas juntas, control del ritmo y decisiones pensadas para castigar la presión ajena. Boca quiso jugar, pero esa intención no se tradujo en mecanismos colectivos que la hicieran peligrosa. Las posesiones locales fueron muchas veces ejercicios de supervivencia: secuencias cortas sin profundidad, escasa movilidad para vaciar carriles y pocas opciones de pase que rompieran la presión rival. El córner que convirtió Maregatti cerca del minuto diez fue la cristalización temprana de una ventaja táctica nacida de omisiones repetidas en la preparación defensiva local.
Las pelotas paradas volvieron a ser un talón de Aquiles, como ocurrió en el campeonato pasado. El 0–2 antes del cierre del primer tiempo, otra vez a balón detenido, no fue un golpe fortuito, sino la consecuencia de fallas de asignación y comunicación que, con trabajo sistemático, deberían corregirse. La repetición de esos errores habla de carencias de rutina más que de desatenciones aisladas.
En el mediocampo se explicó buena parte de la impotencia ofensiva. Racing cortó la cadena de pases y evitó que Boca encadenara más de tres o cuatro pases con criterio; sin un mediocentro ancla que ordene y proteja la salida, la circulación local quedó expuesta. La jugada en la que Lonigro buscó conectar con Priori demuestra que la intención está, pero faltó precisión y, sobre todo, repetición de movimientos hasta volverlos automáticos. Las segundas pelotas cayeron casi siempre para el visitante y eso alimentó su control del juego.
El 0–3, que llegó en el segundo tiempo, fue además una falla defensiva clara: una desatención puntual que terminó por sellar el resultado y evidenciar la caída anímica del conjunto. Solo después llegó la definición de Guerra desde fuera del área, una jugada aislada que además constituyó el primer tiro efectivo de todo el partido; ese descuento no alteró la radiografía del encuentro. Las entradas desde el banco aportaron energía más que soluciones estructurales: cuando Troncoso y Silvestri empujaron, el equipo ganó proyección, pero no lo suficiente como para revertir el plan rival.
La responsabilidad por estas carencias recae, en primera instancia, en la dirección técnica. Las pérdidas en salida, la falta de un plan B ante presión alta, las rutinas deficientes en balón parado y la tardanza para reconfigurar el mediocampo son problemas que se previenen con planificación, repetición y lectura desde el banco. Los cambios iniciales no atacaron el nudo del partido —control del mediocampo y salida— y los posteriores, aunque mejoraron la actitud, llegaron cuando la situación ya estaba encarrilada por Racing. La labor táctica exige anticipar escenarios, decidir perfiles y asegurarse de que los roles en las situaciones clave estén claros y ensayados.
Tomando el resultado con honestidad, este partido debe servir como punto de inflexión para lo que resta de la pretemporada. Que la derrota en Ezeiza no quede como excusa ni como etiqueta; que sirva, en cambio, como punto de partida para trabajar errores concretos de cara al comienzo del campeonato. Además, con este resultado Boca cierra su participación en este torneo, lo que hace todavía más imprescindible convertir las próximas semanas en tiempo útil de corrección.
¿Lo que viene? Un amistoso frente a San Lorenzo en Mendoza. Pronto, todos los detalles.
Foto que ilustra la nota: prensa oficial de Boca Juniors


